A las mujeres les cobran
menos en algunos locales nocturnos, reciben condenas más bajas en los
tribunales por los mismos delitos y casi nunca están en el primer frente de
batalla en las crueles guerras. Las feministas que se llenan la boca con la
palabra IGUALDAD no ponen el grito en cielo cuando las mujeres son tratadas con
cierta preferencia o deferencia. Los hombres se accidentan más y viven menos y
sin privilegios especiales. La secta feminista guarda silencio frente a esto y
a las miles de situaciones en que las damas van primero, por consideración o
cuidado. Los hombres son los culpables de lo negativo, del sufrimiento. Las
feministas dan soluciones ridículas a problemas que no existen. El
resentimiento y frustración de éstas acaloradas mujeres sí tiene remedio,
comenzando por limpiar los vidrios externos del piso 80 de ese imponente
edificio.






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