Devotos desembarcaron en Nueva Inglaterra alabando a Jesucristo con sus
pulmones y con una disciplina moral y laboral sublime. El comercio de esclavos
era transparente y activo y el racismo legal separaba la blancura de lo oscuro.
Después de visitar la parroquia los domingos, vendían ron como si fuera agua
bendita. Las damas de los negreros eran recatadas y probas, con pocas
excepciones, cuenta el loro. Los que no eran miembros de su tribu blanca, eran
despreciados con fervor y pólvora. Los cristianos gritaban con ardor: ¡Gloria a
la Santísima Trinidad, ahora y siempre!.
Sarcasmos de bajo perfil, microrelatos, denuncias al voleo, columnas de dudoso sabor, ironías inconsistentes y otras medicinas, de contrabando. A las corpulentas contradicciones entre lo dicho y lo hecho, entre lo que realmente es y lo que debería ser. Son saetas de papel picado.
domingo, 17 de agosto de 2014
(33) BENDECIDO SEA SU NOMBRE
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